16 de febrero 2020 

El tresillo 

 Aquellos vatos no pasaban de los veinticinco años, tocaban el tresillo, la guitarra, el bajo y el trombón con alma involucrada, a fondo. Parados sobre el escenario gesticulaban, sonreían, a veces no ellos, pero si sus instrumentos, lloraban... en el norte llorar no siempre es bien visto.

Un morro alto, moreno, escuchaba atento, moviendo pues y manos sobre el banco alto, tomando una cheve.
En algún momento, no me fijé, aquel morro ya estaba sobre el escenario, tocando la guitarra, mientras el vocalista cantaba, tal vez, nieves de enero o un rinconcito en el cielo. Luego tomó el tresillo, al rato cantaba, con una voz tremenda, a veces suave (suave) en segundos grave, una canción juguetona y traviesa... Ese vato es Don Ver.. dijo una mujer y el apodo nos cuadro a todos, por qué Don V. Con su música, con su voz, su actitud nos recuerda lo maravilloso que es la música, lo hermoso que es ver y actuar a alguien con la pasión de la vida...
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