Le decían niño sicario, no deberíamos preguntar por que... temido por la gente del barrio durante un par de años, alejado de otros niños, privado de educación y lanzado a golpes de indiferencia a las manos de la estopa y el activo.
Aquel chileno de ojos negros lo vio una tarde, acostado en el suelo de la cancha de fútbol, le tendió una mano que nadie antes le había tendido, le ofreció agua y un balón de fut, se hicieron de a poco cómplices en la recuperación del espacio Rodrigo, aquel deportivo abandonado, de madre soltera como niño sicario.
El chileno Pepe se iba dando a la tarea de pintar de blanco las porterías, de cambiarle la estopa de la mano a niño sicario por retas de dos goles o dominadas de cien al tiempo que atraía a otros niños y jóvenes a la cancha, a brindar manos para acondicionar el espacio a cambio de entrenar sus pies para anotar goles y correr y sus mentes para volverse solidarias y cooperativas.
Un día en medio del circulo de confianza, en medio de la cancha de fut, niño sicario veía con asombro a aquel niño que le preguntaba el por que del apodo (del que nadie se atrevía a preguntar) y busco ansioso el gesto de aprobación de Pepe, para animarse a compartir su historia...
De la noche del asombro, el círculo de pamboleros le miraba silencioso, atendiendo y entendiendo sobre todos los silencios, las miradas esquivas y abandonos. El barrio de niños entendió bien lo que el barrio de adultos había ocultado, preferible llamar sicario a aquel niño, antes de nombrar a un líder espiritual violador y pederasta.
Recuperar el nombre, Pepe, igual que el maestro-entrenador. Las heridas a veces no se curan del todo, pero el entendimiento, la empatía, el reconocimiento del equipo y los abrazos ayudan a sentirse menos ansioso.... a depender cada vez menos de la estopa y el activo... seguimos
Publicado el 21 de septiembre de 2018
Aquel chileno de ojos negros lo vio una tarde, acostado en el suelo de la cancha de fútbol, le tendió una mano que nadie antes le había tendido, le ofreció agua y un balón de fut, se hicieron de a poco cómplices en la recuperación del espacio Rodrigo, aquel deportivo abandonado, de madre soltera como niño sicario.
El chileno Pepe se iba dando a la tarea de pintar de blanco las porterías, de cambiarle la estopa de la mano a niño sicario por retas de dos goles o dominadas de cien al tiempo que atraía a otros niños y jóvenes a la cancha, a brindar manos para acondicionar el espacio a cambio de entrenar sus pies para anotar goles y correr y sus mentes para volverse solidarias y cooperativas.
Un día en medio del circulo de confianza, en medio de la cancha de fut, niño sicario veía con asombro a aquel niño que le preguntaba el por que del apodo (del que nadie se atrevía a preguntar) y busco ansioso el gesto de aprobación de Pepe, para animarse a compartir su historia...
De la noche del asombro, el círculo de pamboleros le miraba silencioso, atendiendo y entendiendo sobre todos los silencios, las miradas esquivas y abandonos. El barrio de niños entendió bien lo que el barrio de adultos había ocultado, preferible llamar sicario a aquel niño, antes de nombrar a un líder espiritual violador y pederasta.
Recuperar el nombre, Pepe, igual que el maestro-entrenador. Las heridas a veces no se curan del todo, pero el entendimiento, la empatía, el reconocimiento del equipo y los abrazos ayudan a sentirse menos ansioso.... a depender cada vez menos de la estopa y el activo... seguimos
Publicado el 21 de septiembre de 2018
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