Doña E.M.

Veníamos regresando de los Chimalapas, le daba aventón a cuatro personas, un par de chicas que bajaban en el pueblo vecino y su mamá, y doña E. M. además de uno de mis colaboradores, un joven psicólogo, entusiasta, con una mirada nueva, con ganas de conocer y explorar, el copiloto perfecto para mi (quienes han viajado conmigo saben lo forever que puedo ser en el camino)
Primera parada: se bajan las dos muchachas con la mamá, nos despedimos, un par de huevos frescos de granja de obsequio, las gracias y seguimos.
Segunda parada: un carpintero, no se deja fotografiar, pero la vista que nos ofrece con su vuelo es maravillosa, mi copiloto sonríe amplio.
Tercera parada: Un pino majestuoso, enorme, cinco, diez, once fotos.
30 minutos más adelante un animal brinca y corre sobre el camino, se mueve delante de nosotros cerca de cinco minutos, al final se para a un costado del camino, como esperando que nos emparejemos y nos ve, ni mi copiloto ni yo dejamos de gritar, yo nunca había visto un yaguarundi en vida silvestre y estoy emocionado... paro y desciendo del vehículo, me asomo a la ladera y alcanzo a ver su cola a medio trote por entre un pastizal...
Doña E.M, se nos queda viendo con incredulidad y alcanza a decir:
-Entonces a este paso, si nos da la noche y vemos un tigre ¿vamos a parar? digo, para subir la ventana y ponerle seguro a la puerta, no vaya ser...
Seguimos

Comentarios

Entradas populares de este blog