Existe un cruce de calles del istmo donde ambulan vendedores de refrescos, fruta, agua y un largo etcétera. La carretera trans istmica es famosa por ser el escenario de arranque en los 80's de una de las herramientas de presión más populares de la historia moderna del estado de Oaxaca y el país: el bloqueo (del que ya hablare más adelante) No lo es por un hecho consumado, que se ha vuelto cotidiano y por lo tanto normalizado: el malabarismo callejero. 
No estas en un circo de carpas ambulantes, mucho menos en el circo del sol, pero en esta esquina se dan cita algunos de los mejores malabaristas del centro del continente, llegan ahí caminando desde Arriaga, desde Guatemala, Honduras, Nicaragua o el sur de México, su destino es el norte del continente, persiguen el sueño que todos perseguimos, felicidad, el pan en la mesa, la seguridad de la salud... la vida.
Hoy un joven viejo (avejentado por el sol y el hambre sin duda) realizó un espectáculo impresionante, montaba un monociclo alto, bien alto, para alcanzarlo trepaba brincando y bailaba encima del artefacto, las clavas volaban a una velocidad trepidante y en la cabeza giraba un balón incierto, despintado por el sol y deformado por las vías calientes de la Bestia, sus ojos tristes brillaban lagrimeando por el esfuerzo y la sed...
Dos semáforos se nos fueron, hoy nadie toco los claxones, ni mento madres en español o zapoteco... hoy todos mirábamos con la boca abierta y exclamábamos oooooooooos bien largos.
Cuando aquel muchacho grande llego hasta donde yo estacionado y con el motor apagado le esperaba y estiro su sombrero de fieltro, no pude evitar meterle un billete y expresarle mi admiración, a la tarde he murmurado una plegaria... no olvido las clavas, ni el salto para alcanzar el monociclo, tampoco olvido sus pies mordidos por la Bestia, dos dedos menos en uno, el otro, un muñon cubierto por un calcetín viejo... seguimos


9 agosto 2018

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