Tenía 14 años aquel verano, pasé tres meses en compañía casi absoluta de don Carlos, un hombre de voz grave, personalidad impresionante y pisadas fuertes... Hablábamos mucho y de todo, veíamos películas, comíamos, desayunábamos. Anduvimos su huerta y la carretera, anduvo él su vida en recuerdos, en silencios largos, yo era un interlocutor curioso y preguntón hasta su cansancio, pero también un observador respetuoso de sus silencios. Terminaba aquel verano cuando una tarde, después de tomar una coca-cola caliente con limón me miró desde atrás de sus lentes gruesos y sentenció posteriormente una larga profecía... Al tiempo he entendido todo, aquel hombre fue sin duda la primer persona que logró verme en mi totalidad... ¡Felices 105 años abuelo!

19 julio 2018 

Comentarios

Entradas populares de este blog